Desiertos Racionales e Irracionales
Los bosques preceden a las civilizaciones, los desiertos las siguen (Rene de Chateaubriand, S. XVIII)
Debe ser el Ser Humano una de las especies animales con menor capacidad de aprendizaje, si no bastan 300 años para aprender de nuestros errores. 2006 fue declarado por las Naciones Unidas "Año Internacional de los Desiertos y la Desertificación" como un intento más para sensibilizar a la población de una terrible realidad: la pérdida de suelo fertil y su conversión en lo que se considera terreno esteril es de 24.000 millones de toneladas al año.
Pero, ¿qué hay de nocivo en el desierto? Se trata de un sistema ecológico natural más; incluso el propio proceso de desertización, asociado al cambio climático, se ha producido, produce y producirá como una de las varias respuestas a los cambios en la excentricidad, oblicuidad, y precesión de la órbita de la Tierra. En realidad lo que nos importa es cómo afecta al ser humano, a su entorno, una aceleración de los procesos de cambio.
Todos hemos "visto y oido" hablar a aquellos fantásticos personajes que vivieron estos cambios durante los periodos glaciales e interglaciales sucedidos en la Era Cuaternaria. Sin embargo, no se trata de invenciones, sino de organismos que respondieron los efectos de procesos que realmente sucedieron en el planeta, no sólo durante el Cuaternario, sino a lo largo de toda la historia de la Tierra y que fueron dados a conocer a través de estudios científicos serios y de gran relevancia.
Especial cariño se le tienen a los ambientes áridos en este equipo, debido a la fragilidad del estos ecosistemas (McNeely, 2003) y a que vivimos en ellos. No debemos olvidar que los ambientes mediterráneos son especialmente áridos en comparación con muchos de los otros biomas del mundo. Hernández Fernández y colaboradores en 2006 realizaron un estudio cuyo objetivo fue tratar de identificar periodos de aridez en el registro fósil y, por tanto, poder estudiar los cambios climáticos acaecidos en la Península Ibérica durante un intervalo de tiempo de 16 Ma (desde el Mioceno medio hasta el Pleistoceno). Para ello analizaron las paleofaunas de mamíferos asociadas a 16 yacimientos pertenecientes a tres periodos de marcada aridez en la Península Ibérica: Aragoniense medio (16,0-13,4 Ma), Turoliense (8,0-5,3 Ma) y Pleistoceno inferior y medio (1,8-0,5 Ma).
Como ya se ha comentado alguna vez en este blog "la clave el futuro está en el pasado y para conocer este pasado, hay que estudiar el presente". Bajo esta premisa establecieron una relación entre el clima (los biomas definidos por Walter en 1970) y la estructura de las comunidades de mamíferos terrestres de 21 localidades actuales del Viejo Mundo.
Para describir la estructura de las comunidades se sirvieron de dos metodologías de inferencia paleoclimática muy populares, el análisis de cenogramas (Legendre, 1986) y el análisis de diversidad ecológica (Andrews et al., 1979). Realizaron dos análisis de componentes principales (PCA) incluyendo las variables descriptivas para los cenogramas y la diversidad ecológica, tanto de las faunas actuales como de las fósiles, obteniendo una serie de factores que podrían emplearse para definir las comunidades en base a su estructura ecológica. Por último, correlacionaron cada factor con las medidas de precipitación media anual y la amplitud del periodo de sequía en cada localidad. Con esto determinaron qué factores estaban más directamente relacionados con la aridez, lo que les permitió obtener información directa del grado de aridez de los yacimientos.
En el análisis de las faunas actuales vieron que sí existía una relación entre el clima y la estructura de las comunidades de mamíferos, sobre todo para factores relacionados con el tamaño corporal. Sin embargo, los resultados que se obtuvieron con las faunas fósiles fueron menos determinantes ya que, según la metodología, los yacimientos fueron clasificados como pertenecientes a biomas muy diferentes de lo esperable. Entre las posibles explicaciones podríamos considerar la diferencia estructural entre las faunas actuales y las fósiles, como apuntan los resultados obtenidos en los PCA. El primer factor, el más determinante, separó las faunas actuales de las fósiles. Esta separación podría relacionarse con diferencias de estructura entre unas y otras, la falta de análogos actuales para las faunas fósiles, diferencias en la estructura biogeográfica de la región en los diferentes momentos temporales... Lo que sí parece claro es que, desarrollando nuevas metodologías de inferencia ambiental, se podría llegar a obtener información más específica de las condiciones ambientales en el pasado.
Este estudio demuestra que somos capaces de realizar grandes esfuerzos para comprender cómo afectan los mecanismos que regulan el cambio climático a la vida en la Tierra. Sin embargo la realidad nos "saca los colores" al demostrarnos que no somos capaces de emplear lo aprendido en nuestro propio beneficio. Nos estamos ganando el derecho a llamarnos sabios (Del Latín sap_dus), pero... ¿somos inteligentes?
Referencias
Debe ser el Ser Humano una de las especies animales con menor capacidad de aprendizaje, si no bastan 300 años para aprender de nuestros errores. 2006 fue declarado por las Naciones Unidas "Año Internacional de los Desiertos y la Desertificación" como un intento más para sensibilizar a la población de una terrible realidad: la pérdida de suelo fertil y su conversión en lo que se considera terreno esteril es de 24.000 millones de toneladas al año.Pero, ¿qué hay de nocivo en el desierto? Se trata de un sistema ecológico natural más; incluso el propio proceso de desertización, asociado al cambio climático, se ha producido, produce y producirá como una de las varias respuestas a los cambios en la excentricidad, oblicuidad, y precesión de la órbita de la Tierra. En realidad lo que nos importa es cómo afecta al ser humano, a su entorno, una aceleración de los procesos de cambio.
Todos hemos "visto y oido" hablar a aquellos fantásticos personajes que vivieron estos cambios durante los periodos glaciales e interglaciales sucedidos en la Era Cuaternaria. Sin embargo, no se trata de invenciones, sino de organismos que respondieron los efectos de procesos que realmente sucedieron en el planeta, no sólo durante el Cuaternario, sino a lo largo de toda la historia de la Tierra y que fueron dados a conocer a través de estudios científicos serios y de gran relevancia.Especial cariño se le tienen a los ambientes áridos en este equipo, debido a la fragilidad del estos ecosistemas (McNeely, 2003) y a que vivimos en ellos. No debemos olvidar que los ambientes mediterráneos son especialmente áridos en comparación con muchos de los otros biomas del mundo. Hernández Fernández y colaboradores en 2006 realizaron un estudio cuyo objetivo fue tratar de identificar periodos de aridez en el registro fósil y, por tanto, poder estudiar los cambios climáticos acaecidos en la Península Ibérica durante un intervalo de tiempo de 16 Ma (desde el Mioceno medio hasta el Pleistoceno). Para ello analizaron las paleofaunas de mamíferos asociadas a 16 yacimientos pertenecientes a tres periodos de marcada aridez en la Península Ibérica: Aragoniense medio (16,0-13,4 Ma), Turoliense (8,0-5,3 Ma) y Pleistoceno inferior y medio (1,8-0,5 Ma).
Como ya se ha comentado alguna vez en este blog "la clave el futuro está en el pasado y para conocer este pasado, hay que estudiar el presente". Bajo esta premisa establecieron una relación entre el clima (los biomas definidos por Walter en 1970) y la estructura de las comunidades de mamíferos terrestres de 21 localidades actuales del Viejo Mundo.
Para describir la estructura de las comunidades se sirvieron de dos metodologías de inferencia paleoclimática muy populares, el análisis de cenogramas (Legendre, 1986) y el análisis de diversidad ecológica (Andrews et al., 1979). Realizaron dos análisis de componentes principales (PCA) incluyendo las variables descriptivas para los cenogramas y la diversidad ecológica, tanto de las faunas actuales como de las fósiles, obteniendo una serie de factores que podrían emplearse para definir las comunidades en base a su estructura ecológica. Por último, correlacionaron cada factor con las medidas de precipitación media anual y la amplitud del periodo de sequía en cada localidad. Con esto determinaron qué factores estaban más directamente relacionados con la aridez, lo que les permitió obtener información directa del grado de aridez de los yacimientos.
En el análisis de las faunas actuales vieron que sí existía una relación entre el clima y la estructura de las comunidades de mamíferos, sobre todo para factores relacionados con el tamaño corporal. Sin embargo, los resultados que se obtuvieron con las faunas fósiles fueron menos determinantes ya que, según la metodología, los yacimientos fueron clasificados como pertenecientes a biomas muy diferentes de lo esperable. Entre las posibles explicaciones podríamos considerar la diferencia estructural entre las faunas actuales y las fósiles, como apuntan los resultados obtenidos en los PCA. El primer factor, el más determinante, separó las faunas actuales de las fósiles. Esta separación podría relacionarse con diferencias de estructura entre unas y otras, la falta de análogos actuales para las faunas fósiles, diferencias en la estructura biogeográfica de la región en los diferentes momentos temporales... Lo que sí parece claro es que, desarrollando nuevas metodologías de inferencia ambiental, se podría llegar a obtener información más específica de las condiciones ambientales en el pasado.
Este estudio demuestra que somos capaces de realizar grandes esfuerzos para comprender cómo afectan los mecanismos que regulan el cambio climático a la vida en la Tierra. Sin embargo la realidad nos "saca los colores" al demostrarnos que no somos capaces de emplear lo aprendido en nuestro propio beneficio. Nos estamos ganando el derecho a llamarnos sabios (Del Latín sap_dus), pero... ¿somos inteligentes?
Referencias
- Andrews, P.; Lord, J.M. & Evans, E.M.N. (1979) Patterns of ecological diversity in fossil and modern mammalian faunas. Biological Journal of the Linnean Society. 11: 177-205.
- Hernández Fernández, M.; Alberdi, M. T.; Azanza, B.; Montoya, P.; Morales, J.; Nieto, M. & Peláez-Campomanes, P. (2006) Identification problems of arid environments in the Neogene-Quaternary mammal record of Spain. Journal of Arid Environments. 66: 585-608.
- Legendre, S. (1986) Analysis of mammalian communities from the Late Eocene and Oligocene of Southern France. Palaeovertebrata. 16: 191-212.
- McNeely, J.A. (2003) Biodiversity in arid regions: values and perceptions. Journal of Arid Environments. 54: 61-70.
- Walter, H. (1970) Vegetationszonen und Klima. Eugen Ulmer, Stuttgart. 245 pp.
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