Notas de prensa / News repports
Destacamos el interés que han mostrado diferentes medios de comunicación de nuestras universidades y de la CAM sobre nuestro artículo "Influence of continental history on the ecological specialization and macroevolutionary processes in the mammalian assemblage of South America: differences between small and large mammals" publicado en pasado mes de marzo en la BMC Evolutionary Biology y cuyos resultados apoyan y refuerzan la idea de que la historia geológica de los continentes y los cambios climáticos globales, entre otros factores, han sido decisivos en la evolución de las especies.
Resalta la nota de prensa editada por la Unidad de Información Científica y Divulgación de la Investigación de la UCM, la cual transcribimos aquí:
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El cambio climático y la historia del continente, claves de la evolución
Un trabajo coordinado por la Universidad Complutense de Madrid (UCM) muestra cómo la historia geológica de Sudamérica y los cambios climáticos han sido decisivos en la evolución de sus especies
Natura non facit saltum. Esta frase latina, atribuida al botánico Linneo, sostenía que el cambio en la naturaleza se daba de forma gradual, y fue asumida sin recelos por el darwinismo clásico. Sin embargo, investigaciones posteriores del registro fósil han demostrado que no es así y que, más bien, la evolución avanza a saltos, pasando de una situación estática y de equilibrio a otra de cambio drástico.
El cambio de paradigma comenzó en los años 70, cuando dos jóvenes investigadores, Stephen Jay Gould y Niles Eldredge, desarrollaron la teoría del “equilibrio puntuado”, que defiende precisamente esta alternancia entre largos períodos de estabilidad con relativamente breves etapas de cambio, en las que se da la aparición de nuevas especies. A mediados de los 80, fue la paleontóloga Elizabeth Vrba quien avanzó en esta línea al sugerir que los cambios climáticos globales, y la alteración del medio que conllevan, podrían ser los causantes últimos de la extinción de numerosas especies, de la adaptación de algunas y, sobre todo, de la evolución de las restantes para dar lugar a otras nuevas.
El equipo de científicos coordinado por Manuel Hernández Fernández, de la Universidad Complutense de Madrid, se había propuesto poner a prueba en Sudamérica la teoría de Elizabeth Vrba, según la cual los cambios climáticos han sido esenciales en la evolución de los mamíferos. Los datos obtenidos no sólo la refuerzan, sino que además aportan interesantes matices. Según ha dicho Manuel Hernández, “los resultados apoyan en gran medida la hipótesis y, por tanto, la idea de que los cambios climáticos del pasado jugaron un papel fundamental como determinantes de la evolución de los mamíferos”. Y añade: “La única diferencia que hemos encontrado es que la historia del continente tiene también una influencia clara en cómo se ha producido la generación de especies en Sudamérica”.
Cada 100.000 años aproximadamente, y con independencia de lo que influya la acción humana, se da un cambio de ciclo en el clima global, en forma de aumento o descenso generalizado de las temperaturas. Este cambio, originado por las variaciones en la órbita terrestre y en la inclinación del eje del globo, es el causante de los períodos glaciales e interglaciales que se suceden en la historia de la Tierra. Según Hernández: “Esto produce que las poblaciones de mamíferos que habitan los climas más cálidos, o los más fríos, según el momento del ciclo, se fragmenten. Cada vez que esta fragmentación de poblaciones se prolonga durante un período de tiempo lo suficientemente largo, se generan nuevas especies”, con lo que estos ciclos contribuyen de manera fundamental al proceso evolutivo.
La historia también cuenta
La parte sur del continente americano estuvo completamente aislada de cualquier otra tierra desde la era Mesozoica, cuando hace unos 130 millones de años se separó de África. Su unión con Norteamérica, hace entre dos y tres millones de años, provocó un gran intercambio de fauna que alteró el rumbo evolutivo de las numerosas especies autóctonas que se habían desarrollado de manera aislada durante más de cien millones de años.
Los investigadores han encontrado que los mamíferos ungulados (aquellos que caminan apoyándose sobre el extremo de sus dedos, como el ciervo, la llama o el guanaco) están en Sudamérica menos especializados de lo que sería previsible. Y los científicos lo achacan a que todas las especies actuales de ungulados sudamericanos son descendientes de ancestros que llegaron cuando se produjo el contacto con el continente norteamericano. En aquella época el istmo de Panamá actuó como un filtro ecológico que favoreció la llegada de especies generalistas. A esto debe unirse que, dado que se trata de habitantes recientes de los ecosistemas sudamericanos, a estos linajes “todavía no les ha dado tiempo a especializarse”.
| Mamíferos ungulados como la llama están menos especializados de lo que se esperaba. Los científicos lo interpretan como un signo de su llegada reciente a Sudamérica. Foto: Christopher Walker (fuente: UIC-UCM). |
Otra aportación del trabajo de los investigadores españoles ha sido la diferencia encontrada entre el comportamiento evolutivo de grandes y pequeños mamíferos. “Los grandes se ajustan perfectamente a la hipótesis de Vrba y los cambios evolutivos que sufren frente a los cambios climáticos son fácilmente detectables. Los pequeños, sin embargo, están más especializados de lo que sería previsible según esta hipótesis, o al menos es lo que ha detectado el estudio”. Los pequeños mamíferos se reproducen más rápidamente y habitan normalmente áreas más reducidas, por lo que se adaptan con mayor rapidez a los cambios en su hábitat y desarrollan en relativamente poco tiempo altos grados de especialización.
En cuanto a la relación de este descubrimiento con la situación actual, Manuel Hernández afirma que la teoría “no es extrapolable, ya que las escalas de tiempo son diferentes. Sin embargo, sí es interesante tener en cuenta estos descubrimientos para desarrollar mecanismos de conservación de áreas más que de especies. El cambio climático tiene una repercusión muy importante no para una especie, sino para todas las que habitan un espacio determinado. Esto a nivel científico ya está claro, pero falta que se desarrollen planes de conservación integrales, no sólo de especies, sino también de áreas”.
Este trabajo de investigación, coordinado por Manuel Hernández, ha sido elaborado por Ana Moreno Bofarull, del Hospital Universitario Ramón y Cajal, y Antón Arias Royo, de la Universidad Autónoma de Madrid, en colaboración con Edgardo Ortiz-Jaureguizar, la Universidad de la Plata, en Argentina, y Jorge Morales, del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC).
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Del mismo modo esta noticia fue resaltada por el Servicio de Noticias de madri+d, Madridiario, la Plataforma del Servicio de Información y Noticias Científicas (SINC) y la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI).
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