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Moldeando el paisaje

Paisaje: extensión de terreno que se ve desde un sitio. Esta es la definición que da el diccionario de la Real Academia Española de la lengua. Como definición cumple su función, explica de forma clara y concisa un concepto a todas luces ambiguo (puede tratarse de un paisaje cultural, geográfico, biológico, artístico...). Sin embargo, a nosotros se nos queda cojo. Cuando hablamos de paisaje geográfico, afinando un poco más, empezamos a encontrarnos más cómodos. El paisaje es la consecuencia de la combinación de diversos agentes, Litosfera, Atmósfera, Hidrosfera y Biosfera, siendo este último el que ocupa gran parte de nuestro interés.

Los seres vivos, componentes de la Biosfera, se pueden separar en 6 reinos, de los cuales, son el reino Plantae y el reino Animalia, los que nos resultan más cercanos. Por todos es conocida la influencia que tienen las plantas sobre la regulación del paisaje (desertización, erosión del suelo...). Es su presencia o ausencia lo que nos permite apreciar al resto de “miembros”, llegando a ser las que determinan el tipo de paisaje (Walter, 1971; Allué, 1990). Pero, ¿qué o quién las controla a ellas?

Como a todos, la primera respuesta que me viene a la cabeza son los factores ambientales. Si bien es cierto, no son los únicos en regir la dinámica vegetativa del planeta. Como base de la pirámide trófica, son los principales factores estructurantes de las comunidades de seres vivos, pero esta relación no es de un sólo sentido. El trabajo:

  • Sinclair, A.R.E. 2003. The role of mammals as ecosystem landscapers. Alces, 39: 161-176.

 

analiza el papel de los mamíferos como modeladores del paisaje. Partiendo del concepto de ingenieros del ecosistema (Jones et al., 1994, 1997), expone varios ejemplos de especies de mamíferos que actúan de forma determinante sobre el  modelado del paisaje en diferentes ambientes. En la taiga boreal la liebre americana, al alimentarse de los brotes terminales de la Pícea Blanca, limita su crecimiento y beneficia a plantas de tipo herbáceo, lo que favorece la creación de espacios abiertos en el bosque cerrado, modificando el paisaje. Otro caso similar es el de las especies de herbívoros que se alimentan de la masa vegetal en los bosques tropicales. Así, especies como el cerdo de río, los pecaríes, duikeros o agutíes regulan tanto la dispersión de las plantas, como la diversidad de los insectos que habitan en ellas, ya sean especies polinizadoras con efectos beneficiosos para las plantas o plagas. Siguiendo el mismo esquema, pone ejemplos para la práctica totalidad de la tipología paisajística del planeta (taiga, bosque tropical, bosques templados, sabanas, praderas, desiertos o pantanos). Sin embargo, la regulación del paisaje por parte de los mamíferos no es exclusivamente de carácter físico. Modifican los ciclos nutricionales de las plantas aportando nutrientes al suelo, pero aumentando también el contenido de ciertos componentes químicos que  pueden mineralizar el suelo, reduciendo su calidad, así como la diversidad específica de las plantas.

Sinclair analiza también bajo que condiciones actúan los mamíferos como modeladores del paisaje. Como ya habréis podido apreciar, son los herbívoros, consumidores primarios, los verdaderos reguladores del paisaje, pero sólo cuando se encuentran limitados por la disponibilidad de alimento. Cuando su población está controlada por los predadores, sólo tienen un efecto selectivo y local sobre la vegetación en aquellas zonas en las que los predadores no influyen sobre ellos. Cuatro son los factores que determinan si una especie de herbívoros estará controlada por la disponibilidad de alimento o por los predadores con los que cohabite:

  • Tamaño corporal. Los herbívoros de gran tamaño evitan la predación ya que no pueden ser cazados.
  • Capacidad migratoria. Impide que la mayoría de los predadores puedan seguirlos y evitan la falta de alimentos en épocas de carestía.
  • Diversidad en los gremios de herbívoros y carnívoros. Es un factor muy relevante en los ecosistemas en los que la diversidad de grandes mamíferos es alta, ya que los predadores de gran tamaño se alimentan de presas de tamaños muy variados, siendo los herbívoros de tamaño medio no migratorios los que sufren un mayor control.
  • Dirección de la regulación. Principalmente asociado a biomas templados y árticos, en los que las comunidades están formadas por un predador principal y pocas presas.

Por último este autor analiza el efecto de los megaherbívoros sobre el paisaje a lo largo de la historia reciente del planeta. Hasta hace poco más de 10.000 años los grandes herbívoros eran muy abundantes en todos los continentes y debieron tener un importante efecto sobre el paisaje de aquella época. Estos efectos quedan patentes en la actualidad, con ciertas adaptaciones de las plantas a una megafauna inexistente en la actualidad.

Concluye su trabajo exponiendo el importante carácter regulador de los mamíferos, no sólo sobre el paisaje, sino sobre la diversidad de animales y plantas, y lo relevante de su conservación para el mantenimiento del resto de la comunidad.

Después de analizar este artículo todavía me pregunto como nadie puede dudar del carácter regulador del ser humano a gran escala. A excepción de nuestro tamaño, cumplimos con el resto de normas para ser los principales reguladores del paisaje del planeta. Nuestra capacidad migratoria es prácticamente ilimitada. Como presas, podríamos afirmar que carecemos de predadores naturales (a excepción de nosotros mismos), y como predadores somos, probablemente la especie con mayor diversidad de alimentación conocida. Como único factor limitante para nuestro desarrollo, la falta de recursos (en el sentido más amplio de la palabra) es una de nuestras mayores preocupaciones, lo que probablemente nos ha llevado a una sobreexplotación de los mismos. Sin embargo, si no somos conservacionistas, ¿por qué esperar ser conservados?

 

Referencias

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